Le he hablado de diferentes formas, incluso, he llegado a pegarle porque no entiendo su indiferencia. Es como si nada le importara.
La mamá dice que le tenga paciencia, que con pegarle no saco nada, pero qué otra cosa puedo hacer. Oriéntenos por favor.
RespuestaEstimado padre de familia: Las cosas no se arreglan a las malas o con rejo, hay que mantener firmeza sin salirse de la ropa.
Usted
debe saber que mientras su hijo no tome conciencia de la
responsabilidad que debe asumir en el manejo de su vida hará lo que
quiera, se mantendrá en su posición de apatía, pereza o flojedad.
Esta
manifestación de la conducta es consecuencia de su desarrollo
psicofísico, ya que por el ajuste biológico su parte endocrinológica
sufre cambios. Estos cambios generan una descompensación metabólica que
se traduce en irritabilidad, impulsividad, desgano, es decir, bajo
interés para cumplir con sus compromisos entre otros.
Requiere comprender lo que pasa para colocar su fuerza interior al servicio de la voluntad, perseverando en aquello que vale la pena y superando los obstáculos que se presenten.
Ustedes como padres, deben ser
facilitadores de la formación recibida en el colegio hablando con los
docentes, dialogando con el chico, haciéndole ver su inmensa capacidad,
sin minusvalorar lo que es y lo que puede ser hacia el futuro. ¡Manos a
la obra!
Reflexión
Autoridad, orden disciplina han de ser asidero o fundamento en la formación integral de los hijos.
Mandar
no significa mortificar, presionar u obligar. Es direccionar delicada y
sabiamente, con firmeza y flexibilidad, con dedicación, perseverancia y
amor. El respeto y admiración se ganan ¡no se imponen!.
Papá y
mamá son los primeros educadores de los hijos. Al interior del hogar
estructuran su "ser" por medio de principios y valores sólidos, guiados
por el ejemplo de los progenitores y complementados por delegación en la
institución educativa que los acogió con responsabilidad y amor.
Quien
ama a su hijo lo reprende. Quien permite, tolera o accede a sus
imposiciones deja sin efecto, anula o invalida la imagen digna y
respetable de autoridad que había logrado consolidar y proyectar. Está
en sus manos actuar como debe ser.